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Realizado el tratamiento de endoterapia en los pinos, que tan buenos resultados ha dado contra la procesionaria

La empresa Coplaga, concesionaria del Ayuntamiento para la lucha contra las plagas, ha tratado con endoterapia a unos 300 pinos repartidos por todo el municipio, para así controlar la aparición de procesionarias en los primeros meses de 2021. Este tratamiento demostró su eficacia en la temporada pasada, cuando el número de larvas localizadas en el término municipal disminuyó en un 98% respecto a años anteriores, lo que evitó numerosas molestias a personas y mascotas.

04/01/2021

El teniente de alcalde delegado de Salud, Juan Serván, ha supervisado la aplicación de la endoterapia mientras se llevaba a cabo en los pinos situados bajo el Mirador de Los Cañones. Explicó el edil que este tratamiento se realiza en los últimos meses del año para evitar la salida de las larvas en los primeros meses del año siguiente.

Indicó que si en 2019 se aplicó la endoterapia en unos 150 pinos, en 2020 se ha hecho sobre unos 300, cubriendo así los árboles existentes en centros educativos, parques y jardines y lugares de tránsito ciudadano. “En primavera -señaló Serván- conseguimos reducir en un 98% la aparición de las larvas respecto a años anteriores, así que la endoterapia ha demostrado ser muy válida para evitarnos las molestias que causa la procesionaria, principalmente entre los niños y las mascotas”.

La endoterapia consiste en la inyección en el pino de una substancia que provoca la muerte de la procesionaria antes de que salga del suelo y suba a los árboles para crear los conocidos bolsones, lo que suele ocurrir entre enero y marzo, dependiendo de la temperatura ambiental. En todo caso, en los primeros meses de 2020 se realizaron también fumigaciones allí donde aparecieron las larvas, y se retiraron los bolsones que habían creado, si bien el número de casos fue mínimo, lo que contrasta con años anteriores en que no se llevaba a cabo la endoterapia.
La oruga procesionaria no sólo daña a los pinos. Hay que recordar que su cuerpo está cubierto por unos filamentos urticantes que afectan a la piel humana, tanto por contacto directo con el animal como al desprenderse del insecto y ser diseminados por el viento. En varias ocasiones las irritaciones han persistido incluso después de acabar con las orugas, porque sus cerdas seguían flotando en el aire.