Él mismo fue el que diseño el estandarte y fue bordado por su esposa D. Esperanza Brotón.
Antiguamente, el cargo de capitán de romanos, era envidiadisimo y heredado de padres a hijos. Con una seriedad absoluta pasaban revistas en la alameda antes del comienzo de la procesión.
La última vez que desfilarían los romanos fue el Viernes Santo de 1985, si el esplendor de antaño.
Años más tarde, en el 2001, la junta local, apoyada económicamente por el Ayuntamiento y por iniciativa del por entonces vicehermano mayor del Cristo de la Buena Muerte, Diego Piñel, rescató esta tradición, se adquirió la nueva vestimenta del escuadrón romano llevándolo al esplendor actual gracias a la asociación
La Polaina.